sábado, 18 de octubre de 2014

Capítulo 13

¿Se puede admirar al hombre que durante años ha sido tu peor enemigo? Sí, se puede, al menos en mi caso. Hoy he visitado a William Wallace en su celda aquí en Glasgow. Se nota a la legua que es un hombre carismático y que su liderazgo en estos tiempos en Escocia proviene de su innato magnetismo como caudillo de hombres. Creo que él me respeta a mí como yo le respeto a él, así que le he pedido algo y ha accedido; tengo mucho interés en conocer su historia y a partir de ahora y hasta que lleguemos a Londres vamos a pasar mucho tiempo juntos. Voy a tener la ocasión de conocer la historia de William Wallace, así que tendréis la suerte de escuchar las dos versiones de lo ocurrido en Escocia desde que Eduardo dio su opinión sobre quién tenía mejor derecho al trono de Escocia.

Nos habíamos quedado en el momento en el que todos los candidatos al trono escocés aceptaron rendir homenaje a Eduardo I de Inglaterra como señor soberano de Escocia, fuese quien fuese elegido rey. Es momento de explicar los argumentos de unos y otros. La pregunta esencial era ¿tiene mejor derecho el hijo de la segunda hija de un miembro de la realeza o el nieto de su primera hija? Esa era la discusión entre John Balliol y Robert Bruce. Ambos basaban su derecho en que eran descendientes del hermano del rey escocés Guillermo, David. Balliol era nieto de su hija mayor y Bruce hijo de su segunda hija. 

No soy abogado, Dios me libre, y tampoco me importan mucho los matices jurídicos de este tipo de cuestiones de las que cientos de leguleyos hacen su modo de vida. En todo caso, lo que importa no es lo que yo pensaba, sino lo que opinaba mi señor. Eduardo se inclinaba más en favor del criterio de Balliol, en primer lugar porque tenía un caso similar en su propia casa y le interesaba defender el criterio de la primogenitura sobre el de los grados de descendencia, pero sobre todo, y mucho más importante, porque consideraba que John Balliol sería un rey de Escocia mucho más maleable que Robert Bruce.

Eduardo tenía tomada su decisión desde el principio del proceso, pero no estaba dispuesto a ponerles las cosas fáciles a los escoceses. Había ni más ni menos que trece aspirantes al trono, aunque nadie se planteaba que alguien que no fuera Balliol o Bruce tuviese posibilidades reales de ser elegido, pero Eduardo insistió en escuchar los argumentos de todos y cada uno de ellos. Sólo había uno que podía ser considerado seriamente, Florence conde de Holanda, quien sorprendió contando la curiosa historia de que David, de quien descendían tanto Balliol como Bruce, había renunciado a sus derechos dinásticos en favor de su hermana Ada de la que él descendía. La historia parecía algo absurda, pero Eduardo se agarró a ella para dilatar el proceso y dio a Florence diez meses para que aportara pruebas de sus argumentos. Entretanto, para cubrirse las espaldas acordó el matrimonio de su hija con el de Florence. Como decimos por aquí “just in case”.

El 5 de noviembre de 1292, Eduardo dictaminó que John Balliol tenía mejor derecho al trono que Robert Bruce. Como consecuencia de ello, éste se alineó con Florence de Holanda, cuya pretensión estaba todavía por decidir. Según los rumores, Florence había prometido ceder a Bruce una tercera parte del reino si resultaba elegido. Pero Eduardo tenía claro su candidato, y el 17 de noviembre de 1292 John Balliol fue designado rey de Escocia.

Para los escoceses el papel de Eduardo I de Inglaterra en Escocia había finalizado. Para mi señor no había hecho más que empezar. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario