A los galeses no les gustó mucho la nueva situación. Sobre todo al maldito Dafydd. A pesar de que gracias a Eduardo había conseguido diversas tierras que antes pertenecían a Llywelyn, estas tierras eran las que más cerca se encontraban de la nueva frontera con las conquistas inglesas en Gales. Y Eduardo no permitía ningún respiro a sus vecinos. Dafydd sufrió en sus carnes la presencia de los oficiales y jueces ingleses y llegó un momento en que decidió rebelarse contra Eduardo. El hecho de que varios castillos fronterizos fueran atacados de manera coordinada en marzo de 1282 implicaba claramente que alguien se encontraba detrás del ataque. Pensábamos que se trataría de Llywelyn, pero en realidad quien lideraba la nueva rebelión era Dafydd. Y Eduardo se dirigió rápidamente a solucionar el asunto.
Algo tengo que decir en defensa de Llywelyn. No sabía nada de la rebelión orquestada por su hermano, pero se encontró entre la espada y la pared y no le quedó otro remedio que unirse a ella. Pero Eduardo ya sabía cómo solventar el problema galés. Primero, el 11 de diciembre de 1282, en una escaramuza en un lugar perdido llamado Cilmeri nuestras tropas mataron a Llywelin. Era nuestro enemigo, pero tengo que mostrar mi respeto por este gran caudillo galés, el último de ellos. En cuanto a Dafydd, tuvimos que perseguirle como a un perro, pero finalmente fue capturado. El 2 de octubre de 1283, Dafydd Ap Gruffudd sufrió la misma suerte que Simon de Montfort. Literalmente la misma suerte, su cuerpo fue mutilado de la misma forma que el de de Montfort. Su cabeza y la de su hermano Llywelyn adornan todavía la entrada de la Abadía de Westminster, como prueba de lo que sucede a los que desafían la furia de Eduardo I de Inglaterra.
Para terminar con la historia de Gales, sólo me falta decir que fue completamente conquistado y que ahora forma parte totalmente integrada del reino de Inglaterra. Para que no quede ninguna duda, mi señor me ha explicado que tiene la intención de nombrar príncipe de Gales a su primogénito para que nadie tenga dudas de que Gales pertenece a Inglaterra. Será curioso que un príncipe de Gales lleve un nombre tan ajeno a nosotros como Alfonso, pero así decidieron Eduardo y Leonor de Castilla llamar a su primer hijo, en recuerdo del padre de ella Alfonso X de Castilla.
La experiencia de conquistar Gales hizo que Eduardo volviese sus ambiciosos ojos al Norte, hacia Escocia, la única región de nuestra isla que no dominaba. Hay que reconocer que son dos situaciones diferentes, porque Escocia, a diferencia de Gales, es un país independiente con su propio rey. Un rey, Alejandro III, que lleva gobernando el país durante treinta años y que tiene una triste y desgraciada historia. Casado con la hermana de mi señor Eduardo tuvo de ella tres hijos, pero todos ellos han muerto. Su única heredera, su nieta Margaret es una cría, que además vive en Noruega, de cuyo rey es hija.
Pero Alejandro III se ha vuelto a casar con la joven francesa Yolande de Dreux. Si tiene un hijo con ella, los problemas sucesorios terminarían. Sin embargo, si Alejandro muere sin otra descendencia que una niña noruega, se produciría en el país una confusa situación que mi señor podría aprovechar. Las dos más importantes familias de Escocia, los Balliol y los Bruce entrarían en un conflicto del que Eduardo podría sacar provecho.
Os dejo, tengo que matar a un rey. Teniendo en cuenta la naturaleza de mi tarea, es posible que no podamos mantener contacto en una temporada.
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