lunes, 20 de octubre de 2014

Capítulo 15

Wallace me corrige. Yo pensaba que el primer inglés al que había matado fue en la batalla de Stirling Bridge el 11 de septiembre de 1297, pero resulta que el cabrón había matado al sheriff de Lanark en mayo de ese año. Perdonad la palabrota, pero el asesinato de este funcionario fue un acontecimiento muy comentado en Inglaterra, porque fue el detonante de la revuelta escocesa y nunca pudo ser resuelto. Y resulta que el que lo había matado había sido Wallace, el muy ... No lo diré otra vez.

Desde que Eduardo se había proclamado rey de Escocia las condiciones habían sido duras para los nativos del lugar. Especialmente la recaudación de impuestos se convirtió en un problema con los escoceses; Eduardo necesitaba fondos para sus disputas en Gascuña y sometió a un régimen asfixiante a todos sus súbditos. Para Eduardo su campaña de exacción fiscal incluía evidentemente a los escoceses, a los que consideraba tan sometidos a él como a los ingleses o a los galeses. Pero si ya tuvo problemas en Inglaterra, donde estaban acostumbrados a sus exigencias impositivas, imaginad lo que pudo suponer su presión en Escocia, donde no lo estaban.

Mi señor había designado como gobernador de Escocia a John de Warenne, conde de Surrey; pero a este le ocurría lo que a mí, que el frío y la humedad le gustaban poco. Así que la mayoría del tiempo lo pasaba en Inglaterra. Sin nadie que les controlara los funcionarios ingleses encargados de hacer cumplir la ley y recaudar impuestos ejercían su autoridad con total libertad de movimientos. Al fin y al cabo, todo lo que Eduardo les pedía era que le llevasen el dinero que necesitaba, no le preocupaba mucho los medios para obtenerlo. Wallace me cuenta alguna historia de crueldades de recaudadores de impuestos ingleses en poblados de Escocia. He protestado enérgicamente negando estos hechos, pero la verdad es que no dudo en absoluto de la veracidad de lo que me cuenta. Un hecho que nunca reconoceré ante mi prisionero.

Sorprendentemente uno de los primeros en rebelarse contra la situación fue el joven Robert Bruce del que ya os he hablado. Su abuelo había muerto, su padre se había instalado en Inglaterra y los Bruce siempre habían sido un apoyo para Eduardo en Escocia. Su rebelión duró poco; enfrentados a un muy superior ejército inglés, Bruce y el resto de nobles se sometieron en Wishart el 7 de julio. En Londres recibimos dos cartas; en la primera se nos informaba de que nuestros enemigos habían sido dispersados; debimos hacer más caso a la segunda, remitida por Hugh Cresingham, un funcionario que estaba más al tanto de la situación. Advertía a Eduardo de que había dos fuerzas rebeldes escocesas que se estaban reuniendo; una en el norte, junto al río Fork, liderada por un noble llamado Andrew Murray; la otra en el sur, en el bosque de Selkirk, de la que no sabíamos entonces quién era su caudillo. Hoy sabemos muy bien, demasiado bien si me preguntáis, que su líder se llamaba William Wallace. 

A partir de aquí debe quedar claro que transcribo lo que Wallace me ha contado; ni sé si es cierto lo que dice, ni comparto sus opiniones, pero creo que a estas alturas os merecéis tener un relato completo de lo acontecido. Dice William que es el hijo más joven de Alan Wallace, un pequeño terrateniente de Ayrshire y que su querella con los ingleses empezó cuando el sheriff de Lanark apareció por sus tierras reclamando unos impuestos que su familia no podía pagar. William se encontraba ese día cuidando ganado en el campo y eso le salvó la vida, aunque el resto de su familia pagó con la suya el hecho de no poder pagar los impuestos requeridos por Eduardo y fueron masacrados por los hombres del sheriff. Al regresar y encontrarse a toda su familia muerta y sus posesiones expropiadas, decidió que en su vida no existiría otro objetivo que matar ingleses. Empezó con el responsable de la muerte de su familia, el sheriff de Lanark. Huyó al bosque de Selkirk y allí le sorprendió que día a día se le fueran uniendo cada vez más hombres que conocieron su hazaña y compartían su odio por los ingleses. 

Cuando supo que en el norte existía otro grupo de rebeldes liderados por Andrew Murray, Wallace decidió unir sus fuerzas con ellos y juntos esperaron el inevitable ataque del ejército inglés. El único lugar en Escocia donde la insultante superioridad numérica de los ingleses resultaría inútil era en Stirling Bridge. El río Forth, que separa el sur y el norte de Escocia no es vadeable en ese punto y solo se puede cruzar por un puente cuyo ancho no permite que lo crucen más de dos hombres a la vez y a cuya salida hay unas marismas que también dificultan el movimiento de un ejército. El 11 de septiembre de 1297 los escoceses liderados por Murray y Wallace atacaron al ejército inglés cuando la mitad de él había cruzado el puente hacia el norte y la otra mitad se encontraba en la vertiente sur, desde la que sólo pudieron ser testigos impotentes de la matanza de sus compañeros.

Y mandar noticias a Eduardo de lo sucedido.

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